lunes, 9 de enero de 2023

Casi había olvidado su nombre. 
De hecho, de no haberla visto en esa esquina, su mente no la habría buscado entre todos los recuerdos acumulados en estos años.
Más tarde atribuiría a la elección de iniciar el día fuera de la rutina a ese encuentro.
Tras el sonido de la alarma a las 5:30 reaccionó, pero no se apresuró a apagarla como era lo usual.
Por segunda vez, quizá, le dedicó un par de segundos a escucharla y luego la silenció.
No se puso de pie de inmediato.
Esperó unos segundos más que los de costumbre y entonces se puso en pie.
Recordó aquellas recomendaciones hechas en clase de yoga que alguna vez tomó: El cuerpo tiene que ponerse casi en posición fetal y para incorporarse, se debe  colocar un brazo sobre la cama y empujar el cuerpo. Y lo esencial, no hacerlo rápido.
Así lo cumplió.
Ya con los pies en las sandalias que no sabía desde cuándo las tenía, ni dónde las había comprado y por qué aún las tenía, (esas preguntas se hizo) dio unos pasos hacia el espejo.
Era parte de su quehacer matutino: verse al espejo, ver la forma en que la noche y el contacto con la almohada y la misma cama, habían hecho de las suyas en su cabellera.
Lo que siguió fue más de lo que otros días: abrir el cajón para sacar la ropa que llevaría oculta; luego, escoger pantalón, blusa, saco. Dirigirse al cuarto de baño, buscar que al agua estuviera casi hirviendo y terminar el ritual.
Con una mezcla de yogurt natural y granola en un recipiente que echó en una mochila, salió de casa.
Era su día libre. Como lo eligió al inicio del día, en las siguientes horas trataría de hacer algo diferente. No se vistió con pantalón de mezclilla, sino con uno de vestir; eligió un blazer y tenis.
Como quería ser turista en su propio territorio, se mentalizó en ver todo aquello como si no lo conociera desde que sus padres salieron del hospital donde nació.
No la vio en el nuevo vecindario.
Fueron sus oídos los que transportaron los sonidos de cada una de las letras que formaban su nombre.
Cuando escuchó esa combinación de letras, dudó en voltear.
Una combinación entre vacío, un jalón interior en donde inicia el esternón y una palpitación paralizaron sus pensamientos.
Sintió que alguien se acercaba y era seguro que quién había pronunciado su nombre tomó la decisión de que la viera.
En una especie de cámara lenta y casi robotizada empezó a girarse.
¿Cuántas personas en su entorno se llamaban igual? Sabía que solo una persona de las conocidas, pero ya no vivía ahí.
No es que su nombre fuera inusual, simplemente no era de los que se repetían con regularidad.
"¿Y si hay alguien más que se llama igual? Todo es posible", se dijo.
Pero su acción robotizada estaba a punto de terminar.
No había marcha atrás. 
La dueña de aquella voz se había acercado, pero no lo suficiente. Así lo sentía, pues aún no la veía.
Concluyó.
Estaba justo de frente a donde sus oídos dirigieron su atención cuando escuchó su nombre.
Y la vio.





domingo, 24 de marzo de 2013

Seguro, Cristo Rafael responde que no quiere regresar a la escuela.
Tiene 18 años y ahora busca apoyo para abrir su propio negocio: una Barber Shop.
En su casa solo posee una máquina para cortar cabello con la que experimenta en las cabezas de los amigos que se dejan, confiesa con una sonrisa.
También abandonó la escuela por falta de recursos económicos, pero no revela a qué grado llegó.
"Ahora quiero tener mi propio negocio", ataja.



Hace unos días, Cristo Rafael fue ovacionado por sus compañeros que participaron en la remodelación de la Unidad Deportiva Bicentenario "Diego de Montemayor", como parte del programa Jóvenes Constructores que realiza el Gobierno de Estados Unidos, dentro de la Iniciativa Mérida.
Ella es Clara. Cursó hasta cuarto grado de primaria y posteriormente se dedicó a ayudarle a su papá en trabajos de albañilería.
En su casa no había recursos económicos que alcanzaran para que continuara la instrucción en las aulas.
Ahora con 16 años, retomó sus estudios en el INEA y acaba de recibir un reconocimiento por el Gobierno de Estados Unidos, por parte de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional.
"No se agüiten", exhorta a otros jóvenes, que junto con ella participaron en el programa Jóvenes Constructores en donde participaron en la recuperación de espacios públicos en la Colonia La Alianza, en Monterrey.
Clara quiere prepararse para enlistarse en la Sedena o en la Marina Armada de México.
 
 

domingo, 10 de marzo de 2013

10 de marzo, 2013
Ya un buen tiempo desde el último post.

Aquí unos dibujos





 
 Mientras descubro la vida de personas extraordinarias, tomo una pausa para intentar dibujar y esto es lo que resultó.




                                               

                                              Ciudadanos sin nombre.














lunes, 3 de diciembre de 2012

En la solitaria catedral se podían contar con la mano los asistentes al servicio religioso de ese día.
El sacerdote inició la ceremonia destacando la presencia de los menos de 10 fieles.
No lo hizo como regularmente lo hacía después de un partido entre los equipos locales, que independientemente del resultado, hacían que bajara la demanda religiosa: "en lugar que vengan a dar gracias o a encomendar a los jugadores", decía, arrancando una

lunes, 11 de junio de 2012

Edith Rosas tiene 45 años, es voluntaria de la campaña de Irma Adriana Garza y recuerda que desde los 4 años su mamá la llevaba a los mítines para apoyar al PRI.
Ahora, ella, con 22 años de vivir en la Colonia San Gilberto apoya las campañas de los candidatos del PRI en Santa Catarina, donde Garza busca volver a ocupar la alcaldía por otro trienio.
El trabajo consiste en armar los "paquetes" que entregan casa por casa los candidatos y su equipo de campaña, buscar bardas para pintarlas con los colores del tricolor o gritar porras en los eventos.
La paga?, no hay dinero de por medio, asegura.
"Es voluntario, no nos dan ni una despensa, lo único es el equipo de trabajo", expresa en el exterior de su casa.
"Yo como siempre he sido priista y he trabajado sin nada a cambio no se me hace raro, a lo mejor a la demás gente si".
Con una amiga y los nietos de ella, "arman" 2 mil 800 vasos con propaganda de la candidata a la alcaldía.
"Lo hacemos más que nada porque queremos un cambio", afirma.
"Vamos casa por casas para convencer a la gente".
Rosas asegura que cuando sí recibió un pago mensual fue en la campaña a la gubernatura de Rodrigo Medina.
"También hubo despensas para las jefas de manzana", apunta, "a mí me daban 3 mil 500 por mes, pero porque yo manejaba cinco secciones... eran como 2 mil jefas de manzana".
"De ahí en fuera, nunca nos han pagado".
Su tarea era la de coordinar a las líderes seccionales y el día de la elección ir casa por casa a pedirle a la gente que saliera a votar.
"Es de movilización", explica.
"Las seccionales son las que manejaba a las jefas de manzana para el día de la elección invitar a la gente a votar, de movilización, se dice".
"Sacas las encuestas y ahí sabes quién es priista y el día de la elección vas y tocas puertas 'la invito que vaya a votar', sin decir partido ni nada, como ya hiciste el trabajo antes ya sabes quien es priista y vas y lo invitas temprano en la mañana".
En el interior de su vivienda, retumba la estrofa "dicen que soy un desastre total, que soy mala hierba", de la cantante Alejandra Guzmán, que Concha, la amiga de Rosas entona haciendo un perefecto "playback".
Rosas comenta que una vez ganada la elección la gente se acerca para pedir alguna ayuda y ella solo canaliza la petición a alguien conocido que labore en el Municipio.
Ella no obtendrá algún puesto dentro de la nómina municipal ni pago por los servicios prestados.
"Somos priistas de corazón".






lunes, 28 de noviembre de 2011

19 de mayo, 2011
Aretha Franklin Day
En el històrico Chicago Theatre, la Reina del Soul, ponìa sus zapatos altos por primera vez, tras la suspensiòn de su gira a causa de una enfermedad, que no especificò y no fue necesario para que muchos oraran por su salud.
En el exterior, como en los conciertos de èpocas de mediados de los 90`s, mujeres elegantemente vestidas acompañadas con hombres vestidos con traje impecable, esperando a que el tiempo pasara para ingresar.
En el interior, una veintena de personas, la mayorìa rebasaba los 40 años, daban gloria a Dios por la salud de la Reina y contaban las veces en las que previamente la habìan visto en escena.
Si una mujer presumiò haber viajado solo para estar con la Lady Soul, desde un vecino Paìs, otra mujer destacaba lo mismo: abandonò su trabajo para viajar, aunque fuera en el mismo Paìs, solo para ver a la recuperada Reina.
La mayorìa de los presentes en el lobby eligieron el color negro para su encuentro o reencuentro con su Lady.
Las puertas se abrieron, se dieron las revisiones por seguridad y como si todos fueran jovencitos, subieron las escaleras casi corriendo.
El interior casi en penumbra, con tonalidades en rojo, le daban ese toque de glamour, de pelìcula antigua. Casi podìas sentir la historia filtrarse por las columnas del edificio. Y de pronto, ya estaban las butacas ocupadas.
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