"Los oímos gritar, pero nadie los vio", recuerda Maricruz.
"O no quisieron verlos", añade su madre, sin matizar en alguna de las palabras pronunciadas.
Sin recriminar.
Maricruz clava su mirada en un punto indefinido, lejano.
Su madre la observa como si quisiera ingresar dentro de la maraña de su cerebro y encontrar lo que ve su hija.
La joven de 22 años le da un apretón a su hija de 3, que carga en brazos.
Una lágrima intenta salir por el ojo derecho, pero no lo deja.
"Nos pedían que los sacáramos, pero nos fue imposible regresar", lamenta.
"Es quizá una justificación", agrega, "pero, ¿qué más hacíamos?".
Maricruz baja a su hija, se agacha y recoge un pedazo de escombro.
Desliza su dedo pulgar sobre éste, una y otra vez, lentamente.
Cuando la beba le toca la pierna, Maricruz la carga de nuevo y buscan el camino por el que llegaron ahí.
Ví la escena, tus palabras me llevaron a ese instante...muy buen texto.
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