domingo, 18 de julio de 2010

Silencio



"Los oímos gritar, pero nadie los vio", recuerda Maricruz.
"O no quisieron verlos", añade su madre, sin matizar en alguna de las palabras pronunciadas.
Sin recriminar.
Maricruz clava su mirada en un punto indefinido, lejano.
Su madre la observa como si quisiera ingresar dentro de la maraña de su cerebro y encontrar lo que ve su hija.
La joven de 22 años le da un apretón a su hija de 3, que carga en brazos.
Una lágrima intenta salir por el ojo derecho, pero no lo deja.
"Nos pedían que los sacáramos, pero nos fue imposible regresar", lamenta.
"Es quizá una justificación", agrega, "pero, ¿qué más hacíamos?".
Maricruz baja a su hija, se agacha y recoge un pedazo de escombro.
Desliza su dedo pulgar sobre éste, una y otra vez, lentamente.
Cuando la beba le toca la pierna, Maricruz la carga de nuevo y buscan el camino por el que llegaron ahí.




lunes, 5 de julio de 2010

Con el agua hasta el cuello y lodo por todos lados


Su voz y su cara reflejaban que había llorado, pero aún así continuaba sacando el lodo que el jueves rellenó su vivienda en la Colonia San Francisco, en Santa Catarina.
Es Francisco, Rosa María, Carlos Alberto, Fele, Eliseo, Marisela, Lilia, Olivia, Agustina, María Estrellita, Eliud.
Son todos.
Como muchas historias que cuentan los vecinos del área metropolitana y de la zona rural, el huracán "Alex" no tocó la puerta.
Ingresó como aquel invitado indeseable.
Entró por donde pudo y los obligó a salir por ventanas o por boquetes que abrieron sus otros vecinos para rescatarlos.
"Nos quedó lo que traemos puesto", la frase repetida por la mayoría de los colonos.
Pero al igual que ésta, otra de las frases emitidas por los vecinos fue la "pero estamos con vida y podemos volver a empezar".
Así es como los vecinos de todas las colonias, afectadas y aquellas que no resultaron con daños, están trabajando, viendo sólo lo que dejó "Alex" para impulsarse y seguir.